¡Lea el manual de instrucciones!
¡No, gracias!
En este mundo globalizado, definitivamente son las nuevas tecnologías de
la información y comunicación las que nos gobiernan (a veces pienso que
lo hacen mejor que aquellos gobernantes a quienes les hemos dado nuestro voto
de confianza): celulares inteligentes, cámaras, videocámaras, laptops,
PC, cargadores, ratones, audífonos,
reproductores de sonido y música, televisores inteligentes con 3D y alta
definición, etc.
No hay duda: la tecnología llegó
para quedarse, y cada día nos sorprende más. Mejor aún, nos adaptamos a
cada uno de los nuevos 'aparatos' sin mayor dificultad (la
generación Z), o con alguna dificultad (generaciones anteriores). Sin
embargo, tener instalados los equipos tecnológicos o armados los muebles en los
que se exhibirán tales aparatos puede ser una tarea ardua, aunque parezca lo contrario.
Repase esta escena: Recibe un aparato de estos: juguete, herramienta,
dispositivo o mueble, bien sea porque lo compró directamente en el almacén, o por internet. Entusiasmado, y algo tembloroso, empieza
por vaciar la caja hasta ver, con sus propios ojos, que el tan anhelado
aparato ¡ya está en casa!
Lo observa, lo
revisa, se cerciora de que tenga todas las piezas. La felicidad es infinita --cual niño
recibiendo el regalo de Santa, o de cumpleaños--. La idea es ver cómo
funciona para empezar a disfrutarlo inmediatamente. Es cuestión de cinco
minutos --aclara usted a los miembros de su familia--.
Bien, ¡Manos a la obra!
Es en este momento cuando se da cuenta de que el aparato fue fabricado y ensamblado en un país donde no se habla español, llámese China, Taiwán, Estados Unidos, Alemania, etc. Brota de su garganta un desesperado ¡Rayos! (no es propiamente la palabra que brotaría de su garganta, solo que debo guardar la compostura), porque a partir de ese momento empiezan los obstáculos para poner a funcionar el artículo.
Es en este momento cuando se da cuenta de que el aparato fue fabricado y ensamblado en un país donde no se habla español, llámese China, Taiwán, Estados Unidos, Alemania, etc. Brota de su garganta un desesperado ¡Rayos! (no es propiamente la palabra que brotaría de su garganta, solo que debo guardar la compostura), porque a partir de ese momento empiezan los obstáculos para poner a funcionar el artículo.
¿Dónde está el manual de instrucciones? --se pregunta desesperado--, y en
medio de las piezas, los plásticos, el cartón, el icopor (tecnopor como le
dicen en algunos países) se hace perdidizo hasta que por fin... ¡Lo tengo!
--grita usted eufórico-- y empieza a buscar la página de la traducción al
español.
Su hermano, su señora, su cuñado y hasta su hijo de siete años le ofrecen colaboración para leer mientras usted sigue instrucciones y, efectivamente, así lo hacen. Pero... ¡Oh, no!, algo anda mal; todo está quedando invertido, patas arriba y existe un alto riesgo de que salten chispas por todas partes al momento de prenderlo (encenderlo, conectarlo...) o de que se desarme al ponerlo en pie, si es un mueble.
Decide dar las gracias por la 'generosa' colaboración, y
prefiere leer usted mismo, convencido de que, ahora, con su propia interpretación,
las cosas resultarán más obvias.
Se dispone a prestar total atención al punto clave para
continuar con las instrucciones de seguridad y se encuentra con esto:
"Lea las instrucciones: Lea todas las instrucciones de
seguridad y operación antes de operar el monitor digital inalámbrico para
conectar al bebé 2.4 GHz” (Ver imagen 1).
¿Qué? ¿Mi bebé qué tiene que ver en todo esto? --se pregunta
usted desconcertado--.
¡Cuidado!, si finalmente decide retomar la lectura de las instrucciones
para descifrar el paso siguiente, quizás no convenga ser muy fiel a las
palabras y mucho menos a su significado. (Ver imagen 2) ¡Ah!, y no olvide la nota final "favor
apagar el aparato antes de la eyaculación manual" .
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Imagen 3
Y, aunque un poco tarde, recuerda que siempre ha tenido que dejar a un lado los manuales de instrucciones y, en cambio, ha debido usar la sagacidad del hombre de la casa, porque definitivamente eso ha sido más sensato que seguir instrucciones con una mezcla de idiomas y una incoherencia espantosa.
Qué le espera después de esto: ¿Pensar en el dinero
invertido (o mejor gastado)? ¿Imaginarse la frustración familiar? ¿Lamentar la pérdida de su valioso tiempo?
Además, si lo daña no tendrá derecho a la garantía.
¿Esto le sucede solo a usted? ¡No, qué va! En realidad son
miles de personas en el planeta las que,
en algún momento de su vida, pasan por
una situación semejante.
Ahora, me pregunto: ¿Será contra los traductores que el usuario
debe descargar su enojo? ¿Hasta qué punto la pésima calidad en la traducción de
estos manuales recae en el traductor? ¿Qué es lo que sucede en ese mercado de
traducción de manuales?
La verdad es que traducir no es tan fácil como piensa el común de la gente.
No es mezclar dos o más lenguas en una sola. Cada idioma tiene sus
propios matices e inflexiones. Por otra parte, el significado y el signifiante deben ofrecer un
resultado óptimo en el texto de llegada, hay palabras que difícilmente tienen
traducción a otros idiomas, y el consumidor final tiene un registro lingüístico
que se debe respetar. Desafortunadamente solemos encontrarnos con desatinos
como los de la imagen 4 (leer párrafo completo).
¿Vale la pena una pésima traducción o es preferible dejar el original?
La calidad de la
traducción es un factor estratégico que no debe descuidarse por ningún motivo. Sin embargo, muchas veces se sacrifica la calidad por el precio. Pensar que contratar un traductor profesional
(especializado en traducción técnica)
sale costoso es un concepto errado. Una mala traducción sí que puede salir muy cara, dado
que se afecta el alcance de la producción, se generan reclamaciones que hay que
diligenciar y por obvias razones se
resiente la imagen de la empresa manufacturera.
Una razón para que sucedan tales
horrores de traducción es el confiar estas tareas a traductores o herramientas de traducción automática tales como Google Translate
o Babylon que no le generan costos adicionales a las grandes (o medianas)
empresas que producen esta clase de manuales de productos de
consumo. Y ni qué decir cuando se recomienda la tarea a traductores neófitos en
el tema, inexpertos o que no dominen la lengua de partida como de llegada. Así las cosas, sería mejor dejar el original tal cual.
Es un tema que tiene gran importancia, pero que desafortunadamente pasa inadvertido en casi todo el mundo porque los consumidores no reclaman sus derechos.
Espero que esta entrada haya sido de su agrado y ¡pronto nos veremos!





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