viernes, 24 de julio de 2015





¡Lea el manual de instrucciones!
 ¡No, gracias!



En este mundo globalizado, definitivamente son las nuevas tecnologías de la información y comunicación las que nos  gobiernan (a veces pienso que lo hacen mejor que aquellos gobernantes a quienes les hemos dado nuestro voto de confianza): celulares inteligentes, cámaras, videocámaras, laptops, PC, cargadores, ratones, audífonos, reproductores de sonido y música, televisores inteligentes con  3D y alta definición, etc.

 No hay duda: la tecnología llegó para quedarse, y cada día nos sorprende más.  Mejor aún, nos adaptamos a cada uno de los nuevos 'aparatos' sin mayor dificultad (la generación Z), o con alguna dificultad (generaciones anteriores).  Sin embargo, tener instalados los equipos tecnológicos o armados los muebles en los que se exhibirán tales aparatos puede ser una tarea ardua, aunque parezca lo contrario.

Repase esta escena: Recibe un aparato de estos: juguete, herramienta, dispositivo  o mueble, bien sea porque lo compró directamente en el almacén, o por internet. Entusiasmado, y algo tembloroso, empieza por vaciar  la caja hasta ver, con sus propios ojos, que el tan anhelado aparato ¡ya está en casa!

 Lo observa, lo revisa, se cerciora de que tenga todas las piezas.  La felicidad es infinita --cual niño recibiendo el regalo de Santa, o de cumpleaños--. La idea es  ver cómo funciona para empezar a disfrutarlo inmediatamente. Es cuestión de cinco minutos --aclara usted a los miembros de su familia--.

Bien, ¡Manos a la obra! 

Es en este momento cuando se da cuenta de que el aparato fue fabricado y ensamblado en un país donde  no se  habla español, llámese China, Taiwán, Estados Unidos, Alemania, etc. Brota de su garganta   un desesperado ¡Rayos! (no es propiamente la palabra que brotaría de su garganta, solo que debo guardar la compostura), porque a partir de ese momento empiezan los obstáculos para poner a funcionar el artículo.

¿Dónde está el manual de instrucciones? --se pregunta desesperado--, y en medio de las piezas, los plásticos, el cartón, el icopor (tecnopor como le dicen en algunos países) se hace perdidizo hasta que por fin... ¡Lo tengo!  --grita usted eufórico-- y empieza a buscar la página de la traducción al español.

Su hermano, su señora, su cuñado y hasta su hijo de siete años  le ofrecen colaboración para  leer mientras usted sigue instrucciones y, efectivamente, así lo hacen.  Pero... ¡Oh, no!, algo anda mal; todo está quedando invertido, patas arriba y existe un alto riesgo de que salten chispas por todas partes al momento de prenderlo (encenderlo, conectarlo...)  o de que se desarme al ponerlo en pie, si es un mueble.

Decide dar las gracias por la 'generosa' colaboración, y prefiere leer usted mismo, convencido de que, ahora, con su propia interpretación, las cosas resultarán más obvias. 


 Se dispone a prestar total atención al punto clave para continuar con las instrucciones de seguridad y se encuentra con esto:
Imagen 1

"Lea las instrucciones: Lea todas las instrucciones de seguridad y operación antes de operar el monitor digital inalámbrico para conectar al bebé 2.4 GHz” (Ver imagen 1).
¿Qué? ¿Mi bebé  qué tiene que ver en todo esto? --se pregunta usted desconcertado--.

¡Cuidado!, si finalmente decide retomar la lectura de las instrucciones para descifrar el paso siguiente, quizás no convenga ser muy fiel a las palabras y mucho menos a su significado. (Ver imagen 2) ¡Ah!, y no olvide la nota final "favor apagar el aparato antes de la eyaculación manual" .

Imagen 2

"Eyaculación de emergencia. Si el usuario no puede eyacular el disco oprimiendo el botón Abrir/Cerrar, él/ella puede insertar una barra pequeña en el hoyo para eyaculación manual. NOTA: Favor apagar el aparato antes de la eyaculación manual".


Su señora, al verlo en tan demencial  estado,  le recuerda que ella   tuvo que tirar a la basura el manual de instrucciones para una prenda femenina, porque resultaba más fácil ponerle lógica al asunto que  seguir  los pasos de la traducción al español (Ver imagen 3).
Imagen 3
Y, aunque un poco tarde, recuerda que siempre ha tenido que dejar a un lado los manuales de instrucciones y, en cambio, ha debido   usar la sagacidad   del hombre de la casa,  porque definitivamente eso ha sido  más sensato que seguir instrucciones con una mezcla de idiomas y una incoherencia espantosa.

Qué  le espera después de esto: ¿Pensar en el dinero invertido (o mejor gastado)? ¿Imaginarse la frustración familiar? ¿Lamentar  la pérdida de  su valioso tiempo?   Además, si lo daña no tendrá derecho a la garantía.

 ¿Esto le sucede solo a usted? ¡No, qué va! En  realidad son miles de personas en el planeta las  que, en algún momento de su vida,  pasan por una situación semejante. 

Ahora, me pregunto: ¿Será contra los traductores  que el usuario debe descargar su enojo? ¿Hasta qué punto la pésima calidad en la traducción de estos manuales recae en el traductor? ¿Qué es lo que sucede en ese mercado de traducción de manuales?

La verdad es que traducir no es tan fácil como piensa el común de la gente. No es mezclar dos o más lenguas en una sola.  Cada idioma tiene sus propios matices e inflexiones. Por otra parte, el significado y el signifiante  deben ofrecer un resultado óptimo en el texto de llegada, hay  palabras que difícilmente tienen traducción a otros idiomas, y el consumidor final tiene un registro lingüístico que se debe respetar.  Desafortunadamente solemos encontrarnos con desatinos como los de la imagen 4 (leer párrafo completo).

Imagen 4


¿Vale la pena una pésima traducción o es preferible dejar el original?

La calidad de la traducción es un factor estratégico que no debe descuidarse  por ningún motivo. Sin embargo, muchas veces se sacrifica la calidad por el precio.  Pensar que contratar un traductor profesional (especializado en traducción  técnica) sale costoso es  un concepto errado. Una  mala traducción sí que puede salir muy cara, dado que se afecta el alcance de la producción, se generan reclamaciones que hay que diligenciar y por obvias razones  se resiente la imagen de la empresa manufacturera.

Una  razón para que sucedan tales horrores de traducción es  el confiar estas tareas a traductores o herramientas de traducción automática tales como Google Translate o Babylon que no le generan costos adicionales a las grandes (o medianas) empresas que producen esta clase de manuales  de productos de consumo. Y ni qué decir cuando se recomienda la tarea a traductores neófitos en el tema, inexpertos o que no dominen la lengua de partida como de llegada. Así  las cosas, sería mejor dejar el original tal cual.

Es un tema que tiene gran importancia, pero que desafortunadamente pasa inadvertido en casi todo el mundo porque los consumidores no reclaman sus derechos. 

Espero que esta entrada haya sido de su agrado y ¡pronto nos veremos!






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